sábado, 23 de marzo de 2013

Una mañana



 Los segundos presurosos
nos daban la mano,
los pasos agitados
competían en el reto.

Sin embargo el camino quedaba quieto,
sosegado.
Todos los ojos viandantes
encontraban trenzados los instantes
entre bocinas y ecos,
como murmullos de voces
acompañados.

La fuente salpico agua
llamando a gritos.
Sumergimos las manos,
rompimos los inquietos cristales.
El frescor nos hizo mirar
un momento de calma
escondido que trepaba
por la piel.

Jugaste con él,
sabías que esperaba.
Gracias pequeño.

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