Los
segundos presurosos
nos
daban la mano,
los
pasos agitados
competían
en el reto.
Sin
embargo el camino quedaba quieto,
sosegado.
Todos
los ojos viandantes
encontraban
trenzados los instantes
entre
bocinas y ecos,
como
murmullos de voces
acompañados.
La
fuente salpico agua
llamando
a gritos.
Sumergimos
las manos,
rompimos
los inquietos cristales.
El
frescor nos hizo mirar
un
momento de calma
escondido
que trepaba
por
la piel.
Jugaste
con él,
sabías
que esperaba.
Gracias
pequeño.
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