sábado, 23 de marzo de 2013

Que esconden las palabras



Miedos, visten
miedos.
Se mezclan con los dedos,
los cortejan y se granjean
sus favores.
Cubren malamente los equívocos
en hurtos de realidades.
Se vuelven blancas,
deslumbran, se alzan
sobre las nubes y es entonces
cuando nada las oculta.
Se alzan como soles,
emblemas de triunfo y sueños.

Llevan temores,
los esconden.
Se vuelven espejos,
reflejos entumecidos,
embebidos ante la imagen asomada.
Son paraísos perdidos
que cabalgan entre brumas carroñeras
de cada palmo de suelo,
que devoran dimensiones
entre partículas de polvo
y viento.

Qué esconden esos sonidos
mágicos, que hablan hasta en silencio.
Que escuchan a las manos
y se ocultan o se escapan en miradas
que las vuelven carceleras,
que apresan una sinapsis entre sueños imaginados
como deseos de alcoba atrapando interrogantes.
Son el fruto de todas las miríadas
que yacen en los incontables recovecos
de cada paso.
En los desheredados de rostro marmóreo
que guardan un tesoro
como matrioska centinela
que el olvido no arrebata.

Preguntas
Qué esconden estos glifos
más allá del ornato,
navegantes entre respuestas,
comensales selectas a una mesa
que cuestiona los manjares.
Son migas, farolillos en un sendero
que amamantan útiles encubiertos
en quebradas hornacinas,
bucles en parpadeos asomados.

¿Qué esconden las palabras?,
no lo ves,
eres tú, soy yo
y cada conciencia desperdigada.

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