Me creí dueña de todos
mis tiempos,
horarios campando entre
valles y soles,
espacios que recorro
intentando cambiar
horizontes y espejismos.
Me creí dueña del
ornato y los habitáculos
en los que encuentro
los días,
lo creí mío.
Mis pasos,
un rastro de derechos
sobre el suelo
que piso y me sostiene.
me creí dueña.
Sin embargo, creo que
todo eran
fracciones
intercambiadas
que erraron.
Quizás sea, todo
aquello
lo que me posee como un
súbdito engañado
entre lo que navego y
me sustenta.
quizás solo sea un
sueño,
un quiero que hago
guiñar en cada acto,
pobre, que quizás sean
vacios
entre los signos de un
mensaje cifrado,
puertas que no dan al
otro lado.
Pensé en la oquedad de
ese deseo.
atraque en el
pensamiento libre,
la creación en
sospechas de dioses.
Pensé y recordé
el olvido,
tal vez una muerte
de todo.
Entonces,
en un entonces
tambaleante,
¿en qué quedo?.
Pensé ilusa que era
dueña,
me pregunte por cada
hecho,
casi suplico a las
ideas,
quieros que me
parecieron
abandonados y aislados.
Abracé mi memoria
que entre carcajadas me
miraba.
La soledad me vistió,
me rodeo ahuyentando el
silencio,
despojándome de rostros
y manos,
alejo, desvaneció el
frío mismo,
se quedo oscura.
Me creí dueña
y es posible aunque sea
entre lágrimas que
inundan océanos,
que no quedara sino una
esencia herida
sin sangre no
recordada.
Ilusa me sentí dueña
cuando tal vez solo
sea,
solo ande sobre huellas
de ignorancia,
sola.
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