sábado, 23 de marzo de 2013

Fe ciega



Me creí dueña de todos mis tiempos,
horarios campando entre valles y soles,
espacios que recorro
intentando cambiar horizontes y espejismos.

Me creí dueña del ornato y los habitáculos
en los que encuentro los días,
lo creí mío.
Mis pasos,
un rastro de derechos sobre el suelo
que piso y me sostiene.
me creí dueña.

Sin embargo, creo que todo eran
fracciones intercambiadas
que erraron.
Quizás sea, todo aquello
lo que me posee como un súbdito engañado
entre lo que navego y me sustenta.
quizás solo sea un sueño,
un quiero que hago guiñar en cada acto,
pobre, que quizás sean vacios
entre los signos de un mensaje cifrado,
puertas que no dan al otro lado.

Pensé en la oquedad de ese deseo.
atraque en el pensamiento libre,
la creación en sospechas de dioses.
Pensé y recordé
el olvido,
tal vez una muerte
de todo.
Entonces,
en un entonces tambaleante,
¿en qué quedo?.

Pensé ilusa que era dueña,
me pregunte por cada hecho,
casi suplico a las ideas,
quieros que me parecieron
abandonados y aislados.

Abracé mi memoria
que entre carcajadas me miraba.
La soledad me vistió,
me rodeo ahuyentando el silencio,
despojándome de rostros y manos,
alejo, desvaneció el frío mismo,
se quedo oscura.

Me creí dueña
y es posible aunque sea
entre lágrimas que inundan océanos,
que no quedara sino una esencia herida
sin sangre no recordada.


Ilusa me sentí dueña
cuando tal vez solo sea,
solo ande sobre huellas de ignorancia,
sola.

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