martes, 23 de agosto de 2011

Quisiera darte

Quisiera decirte tantas cosas,  
quisiera darte
todas las lenguas que me susurran,
todos los sonidos que me han hecho
oler las fragancias
de sentimientos.
Hablarte de las sensaciones en los sentidos,
en los enjambres y las jarcias
de cada hecho,
en los peregrinajes de pensamientos e ideas
entre pronombres residentes
o transeúntes.

Quisiera decirte,
contarte tantas cosas
que me han movido,
que me han llevado a gritar
de impotencia,
de dolor;
que me han enmudecido
hasta caer postrada de fascinación,
contemplar una pequeña parte
de la inmensidad que nos envuelve,
que somos parte,
que somos.


Quisiera darte
la caricia de la tierra,
como coge, como se ase
a tus manos,
como su semilla
brota dentro de ti,
su simiente,
toda ella simiente.


Quisiera decirte,
darte,
los sonidos de la Sierra que amo,
sistemas y subsistemas
subsistiendo,
bramidos hasta durmientes
bajo el blanco de una tierra caprichosa.

Quisiera dejarte ese olor a sal

de nuestros juegos,
de las piedras que buscamos,
colores y texturas que nos hablaban.
La quietud del bosque,
el paraje de su claro,
el musgo hasta de sus ramas.
El aroma de los lugares,
de sus voces.

Quisiera hablarte, contarte,
decirte, enseñarte,
darte
y se me escapa el alma
sin saber si me escuchas,
si me ves,
si me has sabido alguna vez,
si quedaré despojada
en tu recuerdo de todo lo que
quisiera darte.

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